Los medios de comunicación públicos se encuentran, por su propia naturaleza, en una posición muy delicada. Trabajan para la sociedad, para los ciudadanos, pero sus máximos responsables suelen ser nombrados por gobiernos o por parlamentos. Esta circunstancia ha generado una confusión histórica de enorme trascendencia: con frecuencia los medios de comunicación públicos se han comportado –y así han sido percibidos por la ciudadanía– como medios gubernamentales, al servicio del partido político que en cada momento hubiera logrado acceder al poder.

Sin embargo, esta situación no es inevitable. La manipulación en los medios públicos no es una catástrofe natural imprevisible ni tampoco incontrolable. Al contrario. Si se analizan los medios públicos de otros países, se verá con claridad que también en ellos se puede ejercer el periodismo con independencia y rigor. Con independencia incluso –¿por qué no?– respecto de aquellos gobiernos o parlamentos que han elegido en un momento concreto a unos determinados responsables para esas empresas periodísticas públicas. La cuestión clave es garantizar que esa conexión inicial entre políticos y periodistas no se convierta en una relación jerárquica definitiva. Es decir: se trata de evitar una relación perniciosa que permita al poder político imponer contenidos informativos, enfoques interpretativos o sesgos editoriales.

¿Cómo se logra esa garantía de independencia? ¿Cómo se puede preservar la libertad de los periodistas en los medios de comunicación públicos actuales? ¿Qué instrumentos resultan esenciales para conseguirlo? ¿Qué ha fallado para que los medios de comunicación públicos hayan sido percibidos como órganos estrechamente vinculados a los gobiernos de turno? ¿Qué papel específico pueden o deben desempeñar esos medios en una sociedad hipercomunicada como la nuestra?

La información es un bien muy preciado, decisivo para que los ciudadanos puedan decidir con verdadera libertad. Los medios públicos deberían garantizar en una sociedad democrática una información veraz, plural, rigurosa y alejada de las exigencias comerciales que puedan condicionar a otro tipo de empresas periodísticas. De ahí que necesitemos responder a las preguntas que se han lanzado. Todas estas cuestiones merecen un debate sereno y profundo. Un debate, en lo posible, que escape a las batallas políticas o ideológicas y se centre en aspectos más relacionados con la tarea cotidiana de los profesionales que trabajan en los medios de comunicación públicos.

PROPUESTAS DE DEBATE 

  • ¿Qué papel deben desempeñar los medios de comunicación públicos en una sociedad con sobreabundancia de información?
  • En ese contexto, ¿cuál es la función específica que debe realizar una agencia de noticias como la Agencia Efe? ¿Y cuál es la tarea de los medios de comunicación audiovisuales públicos?
  • ¿Qué poderes (políticos o de otra naturaleza) condicionan o pueden condicionar a los medios públicos?
  • ¿Cómo proteger el derecho a la información de los ciudadanos en medios periodísticos cuyos gestores suelen ser nombrados por instituciones políticas?
  • ¿Qué mecanismos de control profesional ayudan a preservar la independencia de los periodistas en este tipo de empresas públicas?
  • ¿Cómo han de adaptarse los medios públicos a la revolución profesional que ha vivido el periodismo en los últimos años?

COORDINACIÓN

Miguel Ángel Ortiz Sobrino

Profesor del departamento de Periodismo y Nuevos Medios

PARTICIPANTES

Fernando Garea
presidente de la Agencia Efe

Begoña Alegría
directora de Informativos de TVE

José Pablo López
director general de Telemadrid

Alejandro Caballero
presidente del Consejo de Informativos de TVE

Jaime Olmo
periodista de Infolibre