Cuando hablamos de “periodismo y poder”, resulta tentador pensar casi exclusivamente en el poder político. En esa dirección parecen apuntar las expresiones “cuarto poder” o “contrapoder”, con frecuencia relacionadas con el ejercicio de la profesión periodística. Pero el político es solo uno (uno más) de los muchos poderes con los que ha de convivir el periodismo. Hablemos, por tanto, de “poderes”: así, en plural. Y hablemos muy particularmente de esos nuevos poderes que han emergido al amparo de la revolución tecnológica que transformó la actividad periodística en los últimos decenios.

¿Son las redes sociales –por empezar quizá con lo más obvio– un nuevo poder? ¿Cuánto y cómo predeterminan el criterio estrictamente periodístico las singularidades formales o conceptuales de esas redes sociales? ¿Es más noticia (y mejor noticia) aquella que se distribuye más (y mejor) a través de Twitter, Facebook o Instagram? ¿Cómo han de reaccionar los medios de comunicación a las respuestas que suscitan en las redes los contenidos periodísticos que fluyen por estas nuevas vías?

Pensemos también en las propias audiencias, medidas ahora de manera instantánea gracias a las nuevas tecnologías. ¿Cuánto influyen esas mediciones de audiencias en la determinación de qué es noticia? ¿Influyen incluso respecto a cuánto tiempo y con qué relevancia se publica una noticia? Si dejamos a un lado lo puramente cuantitativo y pasamos a lo cualitativo, también surgen muchas preguntas interesantes. Por ejemplo: ¿qué ocurre si un medio de comunicación quiere publicar noticias que van contra la línea ideológica mayoritaria de sus propios lectores, oyentes o espectadores? ¿Se han convertido las audiencias en un nuevo poder contra el que también ha de luchar el periodismo?

No hace falta insistir en la existencia de otros poderes que ya no son nuevos, pero que sí ofrecen nuevos ángulos o nuevas aristas en el actual contexto sociopolítico y comunicativo. Un periodismo riguroso e independiente tropezará tarde o temprano con los poderes económicos sobre los cuales pretenda informar. ¿Qué ocurre cuando esos poderes económicos son además generadores de información esencial para un determinado tipo de medios? Un gran club de fútbol, por ejemplo, puede ser percibido como una gran empresa a la que no conviene enfrentarse por su poderío económico, pero también porque su colaboración resulta decisiva (pensemos en las entrevistas con los mejores jugadores de cualquier gran equipo) en el proceso de elaboración de noticias.

PROPUESTAS DE DEBATE

  • ¿Cuáles son esos nuevos poderes con los que ha de relacionarse, directa o indirectamente, el periodismo de hoy?
  • ¿Hasta qué punto son algunos de ellos aún más peligrosos para el ejercicio del periodismo precisamente porque ni siquiera son identificados como verdaderos poderes?
  • ¿En qué se diferencian, en su interacción con los periodistas, de los poderes políticos o de otros poderes clásicos?
  • ¿Qué pueden hacer los medios de comunicación y los periodistas para garantizar su independencia ante estos nuevos poderes?
  • ¿Cómo puede el periodismo utilizar las redes sociales sin abandonar los criterios profesionales, sin dejarse llevar por la lógica extraperiodística de esos nuevos canales?
  • ¿Ha llegado a ser la tecnología un poder interno –en el seno de las propias empresas periodísticas– que dificulta el desarrollo del buen periodismo?

COORDINACIÓN

Javier Mayoral Sánchez

Director del departamento de Periodismo y Comunicación Global

PARTICIPANTES

Nacho Cardero
director de elconfidencial.com

Ignacio Escolar
director de eldiario.es

Ana Pardo de Vera
directora de Público

Luis Ventoso
director adjunto de ABC

Jesús Maraña
director editorial de infoLibre

Juan Pablo Colmenarejo
director de Buenos Días Madrid